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La Alimentación como medicina

16 de Septiembre de 2016

Cada vez más, es habitual recibir en consulta pacientes con una sintomatología muy diversa, polimedicados y con una serie de enfermedades que, en principio, padecen. No obstante, lo que debemos hacer es no mirarlos a través de las supuestas enfermedades que padecen sino conocer bien a la persona que tenemos delante, su histórico de vida (desde el detalle de si recibió lactancia hasta si ha tenido una infancia estable a nivel psicoemocional), la sintomatología que sufre a diario, cómo son sus digestiones y el tránsito, si tiene dolores de cabeza y dónde se sitúan, cómo es su descanso y sueño, si su nivel de energía/vitalidad se mantiene óptimo a lo largo de todo el día, si tiene algún dolor muscular, si tiene cambios de humor como irritabilidad de forma habitual y, ante todo, conocer al detalle sus hábitos alimentarios pasados y presentes, así como si realiza actividad física.

Al conocer bien a la persona que acude a nosotros para resolver “sus enfermedades”, le ayudaremos sin duda a darle salud y las herramientas necesarias para que consiga, cada día, sentirse mejor. En la mayoría de los casos existen simplemente desequilibrios básicos provocados por su forma de alimentarse, por ejemplo consumir en exceso alérgenos como el gluten o bien basar su alimentación en el consumo de azúcares y almidones. También pueden existir demasiados hongos y bacterias tóxicas en el intestino, además de una flora bacteriana alterada. El mismo estrés, hoy tan común, también influye en el ADN celular y provoca cambios en la expresión de los genes, activando o desactivando diferentes genes que a su vez envían mensajes que alteran nuestro metabolismo. Sólo necesitamos unos pocos ingredientes para mejorar la salud: alimentarse de forma natural con productos frescos y llenos de micronutrientes, cocinar de forma adecuada (al vapor por ejemplo), respetando la necesidad de un buen descanso y sueño, movernos y ejercitarnos en la medida de nuestras posibilidades, mantener una actitud positiva e intentar potenciar nuestra inteligencia emocional.En la mayoría de los casos será recomendable empezar por “limpiar” y redirigir la dieta de los pacientes con alimentos enteros de baja carga glucémica, sin gluten e idealmente productos lácteos (especialmente leche y queso). Se enriquecerá su alimentación con micronutrientes y antioxidantes, provenientes especialmente del reino vegetal (verduras, algas marinas, especias), así como también se incorporarán grasas saludables que se encuentran en alimentos como semillas, frutos secos, aguacate, aceitunas, aceite de oliva virgen de primera presión en frío o incluso el aceite de coco. Adicional a unos buenos hábitos alimentarios que respeten los métodos de cocción adecuados y los horarios de las comidas (3 comidas principales más almuerzo y merienda), debemos recomendarles una serie de suplementos alimenticios de calidad para que detoxifiquen adecuadamente el organismo. Es importante considerar siempre “limpiar el terreno” antes de pensar en regenerar

Recomendaciones generales de dietoterapia

  1. Hay que decantarse por alimentos de la MÁXIMA CALIDAD, preferiblemente ecológicos o de cultivo propio.
  2. Los VEGETALES CRUDOS deben suponer no menos de 1/3 de la alimentación del día. Seleccionándolos según la estación del año y las características particulares.
  3. EVITAR los aditivos alimentarios, los precocinados, el agua clorada, los lácteos comunes y los aceites comunes.
  4. Reducir al máximo (en algunos casos evitar) los alimentos con un porcentaje alto de ALMIDÓN.
  5. En afecciones crónicas o degenerativas evitar el TRIGO y el MAÍZ, valorando el uso de la avena y centeno.
  6. COCINAR a temperaturas bajas (- de 110 grados centígrados). Evitar los tostados, fritos y ahumados.
  7. No consumir más de 1/día PROTEÍNA ANIMAL, siendo esta de la mejor calidad posible (Eco preferiblemente).
  8. Dejar para raras EXCEPCIONES la carne grasa, el marisco, los postres (incluida la fruta), la repostería y los dulces.
  9. La FRUTA debe ser tomada con estómago vacío, de cultivo ecológico, madura y según la estación.
  10. EVITAR los edulcorantes artificiales (aspartamo, sacarina, etc.) y la sacarosa (azúcar común).
  11. Usar ALIMENTOS COMPLETOS, no refinados (sal marina, cereal integral, miel salvaje…).
  12. Comer con un ESTADO MENTAL RELAJADO Y POSITIVO, MASTICANDO CON DETENIMIENTO.